Dismorfofobia: Llamémosla la “anorexia”

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Dismorfofobia es un término con el que no está de más que te vayas familiarizando, pues en los próximos años, tristemente, parece ser uno de los trastornos psicológicos que más amenazarán a las personas en busca de la belleza exterior.
Llamémosla la “anorexia” del siglo 21. Se trata de una condición en la que una persona tiene una preocupación desmedida ante un defecto corporal mínimo o incluso imaginario, lo que la lleva a tomar medidas drásticas como entrar al quirófano una y otra vez.Síntomas de la dismorfofobia

La revista española 5 Sentidos cita a la escala de Yale Brown Obsessive Compulsive Scale Modified for Body Dysmorphic Disorder, para plantear las 12 preguntas clave para saber si alguien está siendo víctima de la dismorfofobia, que a continuación reproducimos.

1) ¿Has estado preocupado (a) por tu imagen corporal?
2) ¿Qué preocupación es?
3) ¿Qué opinas sobre tu nariz, cabello, cadera, mentón…?
4) ¿Desearía que la preocupación fuera menor?
5) ¿Piensa mucho en el defecto que te molesta?
6) ¿Gastas mucho tiempo dándole vueltas a la idea? ¿Cuánto?
7) ¿Tu preocupación es que no estás bastante delgado;o que puedes convertirte en demasiado gordo (a)?
8) ¿Interfiere en tu vida social o con la familia?
9) ¿Tu defecto te causa estrés?
10) ¿Ha interferido en tu vida social?
11) ¿Ha interferido en el colegio o trabajo?
12) ¿Hay situaciones que evitas, como por ejemplo, salir o verse en el espejo?
Si respondes afirmativamente a estas 12 preguntas o conoces a alguien que podría hacerlo, hay que tomar acción para combatir la dismorfofobia.

La solución, como explica la neuropsicóloga Gladys B. Granada no está en el cirujano, el único método para solucionar este problema, es a través de la terapia psicológica y psiquiátrica… y más vale que sea a tiempo.

“El consejo que yo siempre les doy a los padres de adolescentes, es que nunca se debe tomar ninguna decisión ni apoyar ninguna decisión cuando sus hijas son adolescentes. Yo he tenido el caso de pacientes que, con el paso de los años, juzgan a los padres por habérselo permitido.

“Y los padres luego dicen ‘pero es que insistías tanto y eras tan infeliz que pensé que te ayudaba’. Pero el adolescente cuando es adulto, considera que tuvo que haber sido protegido por el padre, y es un deber que yo considero que todo padre tiene. Porque esas decisiones de entrar al quirófano son irreversibles”, concluye la doctora.



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